


Una brisa de verano,
una gota de invierno,
son las condiciones
que nos obliga a
soportar el tiempo.
Blanca y fría es la nieve,
pura el alma
que allí se muere.
Un tejado nevado,
un viento huracanado
y la familia unida
por las paredes de la vida.
Mares cristalinos,
niños en la playa,
cielos anaranjados,
sol que se aleja
por un atardecer de verano.
Pájaros que llegan,
flores que se abren,
el lugar se llena
del aire aromático,
mientras que un aroíris
cruza el mar Antártico.
Hoy hace buen tiempo,
así que no me molestes
que estoy leyendo un cuento.

A mi madre, In memoriam
Mi madre guarda la ropaMi madre dobla la ropa con el mismo esmero
con el que aseaba a sus hijos antes de misa,
los domingos.
Pero no hay hueco para la infancia
en los armarios empotrados,
ni más tiempo que el que desgasta sin piedad
la naftalina.
Mayo siempre deja un poco de azufre
en las ruedas sincopadas
de los paralíticos,
y en los portales de los que sufren el mal de las caracolas locas,
la soledad centrípeta
Mi madre cifra el paso de las estaciones
cuando separa el algodón de la lana,
la manga corta de la larga.
En el cajón de abajo,
guarda su ajuar de cuerpo presente
sabedora de que la vida se agota en los cajones de abajo,
de que nada combina, al uso de la moda,
en una posible quinta estación
indefinida.
Por el cielo corren los carneros
como si no llevaran cuernos.
Mi madre cierra el armario
de los abrigos heredados.

Cuando llega el verano
vuelo con las gaviotas
por el mar.
Cuando llega el invierno
hago muñecos de nieve
con mi papá.
Cuando llega la primavera
corro y corro
con las abejas.
¿Y en el otoño?
Con el otoño
¡hojas recojo!

El cofre de los piratas,
era un tesoro escondido
que encontró un pirata,
y se lo llevo a su casa.
Cuando por fin se puso a verlo…
¡resultó ser un pastel de nata!

Olas ves llegar,
olas ves venir,
olas ves montar,
el mar es azul
la arena es marrón
y en el barco vas tú.

En el fondo del mar,
vive una sirena
la vi nadar
era hermosa
como una rosa.
Tenía las manos
del color del manzano
y sus ojos eran
del color de un arándano
¡fue mi mejor día de verano!

El mar es bonito y azul
como un avestruz,
y tan bonito como el cielo azul
que por la noche la flor ha volado al mar
y por el cielo estrellado.

Mis ojos
son de oro
y las estrellas doradas.
¿Qué diferencia hay?
Pues para mí

Una noche soñé
con un caballito
de madera,
y un cocodrilo
de chuches
para ti.

Yo tengo un gato
que es un trasto
juega conmigo
un buen rato.
Si a casa quiere entrar
la puerta suele arañar
come un poco de pienso
y luego se echa un sueño.
Mi gato es inteligente
mas de lo que cree la gente.
Mi gato es una bola negra
como nube de tormenta.
Tiene los ojos verdes
que le brillan como el sol.
Mi gato es muy chulo
y lo quiero un montón.

Mi abuelo es camionero profesional,
en su remolque lleva carbón,
yeso y cualquier otro mineral
pero sobre todo toneladas de felicidad.
Mi abuelo es genial,
cariñoso, juguetón
y un poco gruñón
pero eso…da igual
sigue siendo un hombre excepcional.

La gaviota vuela
libre por encima del mar,
rozando olas de sal
con una gran ansiedad.
Cuando la miro y
la veo volar, me doy
cuenta de lo libre que es,
ojalá yo fuese tan libre
tanto orgullo me revive.

Quiero escribir una poesía
y me falta inspiración
pues tantas cosas diría
y, a veces, tantas
sin razón.
Puedes hablar de alegrías,
e sufrimiento y dolor.
Vivo en un mundo de mentiras
Donde la vida es pura ficción.
Quiero ser feliz, en mi tierra,
y crear un mundo mejor
donde no haya guerras,
ni luchas, ni batallas
y las voces viajen en
LIBERTAD.

La clase de sexto recita,
Personas libro ya somos,
Recitamos, recitamos
y muy bien nos lo pasamos.
Federico García Lorca,
Rafael Alberti, Antonio Machado,
Gustavo Adolfo Bécquer.
Tantos poetas, tantas poesías,
menudo tesoro, ¡Qué alegría!
En el Proyecto Fahrenheit
nos hemos involucrado
y llevamos la poesía
dentro y fuera de Andalucía.
Antonio, nuestro maestro,
nos enseña a recitar,
poesías y textos, siempre
con facilidad.

Luna blanca, blanca luna
como la espuma del mar
rellena de plenilunio
azúcar de harina y sal.
Azúcar dulce de niño
blanca harina de su pan
tan blanca como la cal
nunca le quites a un niño
su blanco de libertad.
La luna más bella
está en este reino
y yo te aseguro
que esto no es un sueño.
Se llama lunera
y está en una travesía
y yo a su vera
escribiendo esta poesía.

Hay una persona en mi vida muy especial,
que me mima y me cuida sin parar,
esa persona es mi abuelo,
un hombre sincero, un hombre sin perjuicios
al que yo quiero.
Mi abuelo me quiere,
mi abuelo me adora,
mi abuelo me trata
como a una pequeña señora.
Cuando miro a mi abuelo
veo en sus ojos
una gran tristeza
por estar un poco solo.
Todas la mañanas cuando se levanta,
hace su cama y arregla su casa,
prepara su comida, hace su colada,
mi madre y yo pensamos,
que es un verdadero amo de casa.
Por eso yo digo y no exagero
que a esa persona
es a la que yo más quiero.

Salía un barco con el alba.
Yo, apenas despertaba
y lo vi por la ventana.
Con rojos de la mañana,
y puntillas de espuma blanca,
rayos dorados lo bañan,
los hombres preparan carnada.
Arte antigua de la pesca,
que te vas quedando en nada,
tienes aún en tus cestas
peces con brillo de plata.
Faena antigua y remota,
con paciencia de artesano,
una red es tu instrumento
hecha de muchas manos.
Hay quien vive aún de ti,
que fuiste reina en el pasado,
y es ahora, un seguir,
por ser trabajo pesado.
Pueblo de pescadores,
de mujeres esperando,
con la vista en el horizonte
y en la mano, un rosario.
Sepa el que come pescado,
la faena que es sacarlo,
come tiempo de marineros,
de familias esperando,
come peces de horizonte,
come peces de rosario.
Sépalo el que lo coma
y aprenda a disfrutarlo.
Por todos los de la mar,
brindemos con vino blanco.

Hoy
me paseé por las calles,
entre los transeúntes,
uno más, con sus largas bufandas de colores,
era invierno.
Y rechacé las palabras tibias, a media voz
de los escaparates.
Y sorteé los pasos de cebra,
la acogedora monotonía de la simetría,
la luz nítida de los fluorescentes y los cines,
la soledad azul de los parques,
las hojas
disueltas breves y obsesivas en el viento,
los periódicos
que exhibían los kioscos,
el sonido nacarado de los restaurantes, los museos y
sus escalones de mármol,
la luna que vagaba errática
como ensayando un juramento o una huida.
No vi las bocanadas de seres humanos
que salían metálicas de las estaciones de metro.
No vi las estatuas exaltando en las plazas el heroísmo
hierático de las espadas y la muerte.
Me tapé los ojos ante la obstinada verticalidad
de los rascacielos.
Fui
por las calles como si hubiera sido la primera vez
y me hubiesen defraudado.
Me sobrara la ciudad y cada una de sus promesas.
Porque tú, amor, ya no estabas.

Debiera vivir una madre lo que uno viviera
Vencido está otoño, madre,
y hace frío en la casa de mi infancia
-al regazo de su sombra-,
pliegues de tiempo que sus paredes nombran
en un calendario apelmazado de días
que bajo el sudario de la cal
acurrucados pernoctan.
Hace frío, madre, en la casa,
la que ayer se alzaba en brasas
sobre luminarias alas
-minaretes de sueños eran sus estancias-,
hoy es torreón de sombra escarchada.
Hace frío, madre, y tiemblan
tus manos sarmentosas,
las que otrora sembraron surcos de pasiones
navegando suspendidas en el aire,
tal que mareas de gráciles gaviotas.
Un cobrizo horizonte de poniente
alumbra redoblar de campanas,
precipita noche y difumina el trazo límpido de tu perfil
tornándolo impreciso.
Hace frío, madre, en la casa
y sobre las huellas de tus pasos
se han acamado gavillas de centeno crucificado,
sobre la marea de tus caderas de vertiginoso
espasmo, glaciares emplomados.
Como peces árticos
tus labios de frío inflamados
y sobre el paisaje arroyado de tus parajes
descienden furtivos carámbanos de años.
Vencido está otoño, madre,
hace frío en la casa de mi infancia
y sobre tus bucles negros de antaño
reposa un manso rocío de tiempo blanco.